domingo, 2 de agosto de 2009

Agenda policial

Saco del bolsillo el anotador amarillento y rotoso. Buscó la última página y terminó el renglón, “el percutor impactó en la culata de la bala al tiempo que un grito desesperado musicalizó su última décima de segundo con vida -La traición se paga- refunfuño entre diente cerrados” terminó de escribir el punto final y se levantó del café. Subiendo a su auto comenzó a releer las primeras hojas mientras encendía el auto y manejaba desinteresadamente entre puteadas y bosinazos.
“los códigos son tan débiles que cualquier pelotudo se atreve a romperlos pero solo algunos valientes se atreven a hacerlos valer” algo le incomodaba en la cintura, contra el respaldo del asiento.
En algún sitio de la Capital Federal un personaje sin historia caminaba tranquilo y victorioso, siempre atrás de todos, siempre el infeliz, el último que no dormía sino que meditaba y no se echaba sino que se agazapaba. El que nunca es contado en las anécdotas, ese que la historia siempre olvida primero.
“la plata vale mas de lo que sus números significan, es un símbolo no de poder monetario sino de poder en su estado mas puro, la capacidad de hacer. Todos deseamos hacer más de lo que hacemos. Con plata se ama más, se come más se coje más, se tienen más lugar, con plata se vive más. Por plata se juega la capacidad de vivir.”
Rezaba para que el BMW no se quede sin nafta porque su billetera vacía no podría pagar una carga de Fangio veintiuno. La familia desintegrada y su billetera vacía le causaban un odio irreducible.
“estaciona el auto frente al local fantasma, entra sin mirar a los vendedores, pasa tras el mostrador y encara derechito para su oficina ya sin su nombre. Patea la puerta y entra”
Saca de sus cintura la nueve milímetros apunta al jefe que lo mira desde atrás del escritorio.
El percutor impactó en la culata de la bala al tiempo que un grito desesperado musicalizó su última décima de segundo con vida -La traición se paga- refunfuño entre diente cerrados, la nueve milímetros cae al suelo. El matón que se escondía atrás de la puerta sonríe.
En algún sitio de la Capital Federal alguien sin historia le da principio a una.

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