Preocupados por el tiempo viven los hombres sufriendo. ¿Qué dejaré a la humanidad? ¿Cómo haré para no ser olvidado? ¿Cómo debo obrar para no ser olvidado? Piensan que el obrar es algo individual, pero no se dan cuenta que el obrar es crear una obra y las obras nunca fueron, ni serán de un hombre. Todos los que busquen crear obras nacidas de su egoísmo caerán en el olvido. Todos nosotros deberíamos recordar que solo las obras de la antigüedad más rústica y sentimental, aquella embriagada de cántaro chorreante de la luna, embellecida del eterno floreces del jazmín, chorreada infusión de la hierbabuena y el amanecer. Aquellas antiguas obras para las que no era necesario lavarse las manos, son las obras inmortales. Las que perduran, las que rompen nuestro tiempo, las que realmente valen la pena poner sobre la cima de la loma. Los cantos populares, que hacen exaltar el corazón de aquellos que saben sentir, de aquellos que no se dejan enseñar, de los verdaderos oidores del alma, que nunca se cansan de peregrinar. Los que han visto pasar el báculo o la corona, las calaveras o los cruceros y continúan, siempre continúan.
A veces cuando veía una viejita muy arrugada esperaba que me cantara algo tan mandrágora, tan sin reflejos ni ecos, simplemente que me diga una gota de sangre del corazón, que me digan el rasgado de esa guitarra que no callaba jamás. O cuando caminabaperdido por las calles asfaltadas, para tratar de encontrar aquel pasadizo a la calle de tierra que termine en un duro sonar de cielo y horizonte unidos por un sauce que babeando grité y los una por la fuerza de su pesar. A veces cuando escuchaba del niño el llorar, esperaba poder ponerme junto a él a cantar, desangrando nuestro padecer, de ser los dos tan dolidos, a la tierra traídos sin nuestro querer y así poder lavar mi alma para echarme a llover.
Pero ya no encontré estas respuestas ni en una viejecita ni por las calles de mi ciudad. Miles de cosas encontré, miles de caminos y casas gigantes que hieren el cielo con sus puntas; miles de personas que me miraron para olvidarme; miles de niños que los padres callan bien rapidito con drogas industriales. Y cuando quise alzar mis preguntas, en donde dicen dar respuestas me partieron un palazo de guía y callaron con un gran dos mi insolencia. Eso si, ahora se como citar, donde las tildes van y como historiorizar.
Solo con las líneas de la pasión, solo y sin rebelión, sin viaje y sin acreditación me colgué mirando, con tanta pena, pues mi vida esta en tierra y no fui mas uno. Aunque nadie me llamó a todos me entregué, aunque nadie por mi pidió para todos digo algo.
Pero ahora que hemos crecido, hemos madurado, nos hemos lavado las manos y cortado el pelo, hemos embotellado el vino en hermosas etiquetas y hemos metido todo nuestro corazón en un televisor, hemos perdido aquello que nos supo hacer temblar ante la inmensidad del infinito. Porque lo hemos ahorcado, enviando a nuestras mejores mentes a matonearlo, a patotearlo a matarlo y con su cadáver rediseñarlo en un finito. Un hermoso mapa de farol, nafta y reloj.
Ahora que ya no queda sino mas que turismo de los cementerios, donde ayer se cantó a la vida. Se crean decenas de carreras que pronto serán cientos. Carreras neumáticas sin nada adentro, sin nadie que las viva se crean hombres rediseñadores para continuar con lo que hace tiempo atrás se logró. Los duendes y las hadas se metieron en un libro y se arrancaron de los frutos del alma, de nuestras nueces, de nuestros hilo invisible que mas nos unía con la sangre nueva, esa con ojos vírgenes y brillantes que nos mira esperando que les mostremos nuestra ama y lo único que podemos darles es un títere electrónico, un aparato donde meterles las ganas de vivir, de hacer la vertical una y cien veces; de pegarse, de ensuciarse; de llorar y moquear y de comernos en nuestros relatos añejos. Allí crecerán, encerados en nuestra incapacidad de quererlos de poder detenernos con ellos a jugar y ver la obra de títeres que nunca debió acabar.
Ahora que hemos envejecido tanto solitos nos dejamos enchufar a un respirador artificial y por un zonda inducirnos a la coma eterna de los cagones que aspiran monóxido y no dicen nada porque rapidito se meten en el último modelito de parca industrial con aire acondicionado y airbag. Preferimos estas clínicas del alma a bancarnos una tormenta de frente y engriparnos porque estamos vivos, porque tememos a la muerte.
Ahora que las enfermeras están computarizadas y perdieron la magia de ser la interjección de la cruz, solo nos queda masturbarnos con los ratones que nos despiertan sus cuerpos cybernéticos mientras en las muestras de sangre se lluevan uno a uno los pedazos de nuestra identidad, de nuestra animalidad, de nuestro miedo a la tempestad.
Mañana que todos serán un poquito mas de mega bites prefabricados en el placer de los motherboard, en los falsos aleph hogareños, en donde todos busquen un rediseño originalmente trillado por la falta de pasión, donde se enchufen los auriculares con amor envasado y tan frío y tan mierda que olviden que si no se nos mueven las cuerdas de la garganta con el hondo sentir de nuestra sueño infinito inalcanzable no podremos nunca volver a cantar lo profundo del amanecer, con nuestros hombros pesados de tanta tradición.
Mañana, en ese mañana, se escuchará osario y se apagara rápido el ruido del guerrero porque dañara los oídos algodonados. Mañana, en ese mañana, se leerán estas líneas y no se terminarán porque hasta la lectura estará enterrada en el diseño de algún celular que te recite mucha mierda pegadiza con ritmos estereofónicos como prostitutas de la fabula de libros que digan como se hace para crear el amor, como se hace para olvidar el saber de nuestros ancestros tapados por la ceniza de las fábricas.
Mañana, en ese mañana, todos sabrán como vestir, como comer, come entender, como termina el videojuego, como se programa nuestra vida, todos sabrán que el camino les será fácil porque les fue puesto al nacer con los códigos de barra que su alma cargará desde el momento que se entreguen a la máquina de la multimedia, siempre promovida por culos lindo y parados. Cuando sepan esto y cuando se den cuenta que no son mas hombres que no pueden ver la luna, que no pueden oír al viento y que sin saber porque odian a las flores, se reirán y se llenarán el cerebro con botox, así siempre jóvenes serán enterrados sin siquiera haberse siquiera preguntado porque estaban tan muertos entre tanto ruido y tantas luces.
No hay combate, pues nací vencido, soy uno mas de los que solo reciben golpes. Acurrucado en un rincón escucho metal y como mi big mac, no puedo ponerme de pie, no puedo hacer lo que en verdad quiero. Desde la panza de la mujer que ya estaba destinado a este rincón y nadie me salvo y solo no puedo hacer nada, solo escuchar a los guerreros, a los que meten las púas a troche y moche. Me lleno de sus combates y de sus rounds ganados y perdidos.
Ya no doy mas, tengo miedo a la ciudad, su violencia y su nomina de ignotos. Muy dentro mío tengo ganas de escapar sin embargo se que si lo intento me van a acecinar. Así que mejor tranca con un big mac, oyendo los gritos de mi interior para acallarlos veloz, no vaya a ser cosa que los escuche el del otro rincón.
Siempre será igual, siempre ha sido así, las ganas de ser se cambian por el miedo a crecer al dolor del cambio, mientras algunos cuerdos lo intentan y los locos los matan y los temerosos miran para otro lado. Si soy escritor y eso es ser cagón porque me la paso diciendo para no hacerlo. Eso es ser el contrapunto mudo del canto del mundo.
Y mi sabia cae y mis arrugas crecen y ellos se enriquecen y yo su veneno me tomo sorbo a sorbo. Tan bien aprendí sus mentiras que las repito con una sonrisa cuando otro a mi rincón se acerca y siempre me contesta con otra sonrisa con dientes de mentira. Ambos nos damos cuenta, ambos estamos al tanto de que son mentiras, pero ¿como ayudarnos si nos sacarán el big mac?
Dejaré el rincón sucio al morir al dejar de sonreír y triste y solo ir a donde los hombres del rincón siempre van al terminar el veneno al quedarse sin sabia.
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