Saltas entre el humo y la locura del lugar. Saltas, saltas y saltas de dentro de ti te escapas y caes en una hoja para tirar tus piedritas y continuar tu baile de entre las rayuelas.
Invítame a jugar en tus rayuelas de golpes y lunas de cristal; del ritmo y cantos de collage social donde saltas y saltas sin poder parar, en donde solo importa la rosca que te podes dar.
Bebé que no fue domesticado ni intoxicado por la ciudad, saltador constante, violador de ritos, corramos a las montañas, corramos por nuestras vidas para jugar a las rayuelas con esos casilleros-juegos que aterran a las abuelas y enamoran a las nietas. Desexemos los contextos como excéntricos de las sensaciones, en un orgasmo-cielo donde nunca sea tarde para nuestra revolución de saltos y percusión.
Bebé boca de miel, bebé anacróntico, bebé, eterno bebé que no envejece porque tiene el corazón virgen de conciencia, de retórica sapiensa, del tiempo y del dinero que tanto le pesan a los hombres. Tócame un jazz de ensueño del que no pueda despertar, dale soñemos con Vietnam y su verdad, un sueño donde descaretemos a los dueños de tantas mentiras, donde quememos a los zombis de la casa cementerio que solo hablan de hipotecar nuestras vidas al buen sueño rosado tan bien condimentado con bmwes y viajes a konecticud o kentoki.
Bebé se que llegarás a tu cielo porque eres digno hijo de la maga, bebé tamborcito de juguete, saltador de estrellas, funktoche con alas.
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