miércoles, 1 de julio de 2009

PRESOS

“Preso del pasado”, repetida frase que suena sin saber donde la aprendemos, solamente cierta en algunos casos.
Ciertos hombres son el lastre de si mismos, con memoria constante y un corazón que sabe amar (solo amando se vive recordando), estos no lo dejarán avanzar por más que supere el dolor o que deje de estar enamorado. Todo lleva a estos hombres a ese lugar llamado pasado que en su caso es un presente latente, otro presente igual de vivido que esa fugacidad llamada hoy. No ocupa un lugar físico esa conciencia de saberse el resultado de otras personas, de otros sucesos en ese no poder dejar de verlos, oírlos a pesar del rencor que genera esa mala costumbre.
Amigos de la primera infancia, despertares del desconocimiento, nubarrones de mis modos.
Dos lágrimas que no secan en mis días, madres de mis padres, lunas de mis sueños; de aquel que no fu, de lo que nunca pasó porque las crueles hermanas las unieron a los pretéritos.
Una vieja amiga pero eterna adolescente en mí, pasada confesora y gran herida.
Un sabio tío pai de mi paz, deuda del tiempo que no le di. Último motivo de crecimiento.
Tantas risas que no se porque ya no se porque río, tantas distancias que ya no camino y un pago perdido, sabor a tierra y acequia, donde encontrar a ese niño es del día la rutina mas dura.
Conocedor de sí mismo el hombre escribe entre dientes, en silencio habla y trata de armar un canto de todo aquello que lleva en los ojos y que nadie logra ver, así pasado de conciencia el hombre se aquieta en el releer su historia y le pesan los pies. Unido al pasado el hombre es más que una sensación fugaz, así el hombre logra vencer a la línea inventada del tiempo pero al precio de nunca más poder salir de los círculos concéntricos que solo el se inventó.
El pasado eco en el presente, razón del futuro, grabado en piedra que pesa y no se corrige. Es sin duda la lápida de la esperanza de ser otro que el mísero rastrero del ayer.
Siempre podrá haber otro pero debajo de la lápida muere sin nacer cada vez que el hombre vive de la sombra, de lo que dijo o calló.
No hay conjeturas o debías, tendrías o quise solo eslabones estrellas que cubren el cielo del firmamento donde pensamos y nos hacen ser sus observadores eternos en la noche de nuestra mente.
Dejar de mirarlos querría, pero de ser él, se olvidaría.

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